niña

La gran ciudad despierta entre el sonido de motores, voces, pasos ligeros en la calle. La gran ciudad y sus ciudadanos (aún en proceso de resiliencia después de un terremoto de grandes proporciones en abril del año 2016.) se apresta a empezar un nuevo día para gestionar la supervivencia, para proseguir cada uno individualmente al logro de sus metas.

Mientras me dirijo a tomar el autobús, observo los rostros de las personas, y me pregunto qué hace que caminen lentos unos, y de prisa otros. Mientras hago mi silenciosa observación le digo a Dios que su provisión sea oportuna para cada uno de esos seres cuyos rostros proyectan lo que hace peso en la mochila de su existencia.
Por un instante creo ver seres que deambulan por inercia y como una chispa de preocupación y de amor por mi prójimo, surge una cuestión fundamental que me lleva a la reflexión. El sentido, que importante es tener un para qué levantarse cada día.

La importancia del sentido para generar la transformación, y probablemente, el referente más relevante es (Viktor Frankl ,) autor de su obra EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO, y sobreviviente del campo de exterminio de Auschwits, quien decía que «Cuando no podemos cambiar las situaciones que enfrentamos, el reto que tenemos es cambiarnos a nosotros mismos.»

Entonces podemos decir que, SENTIDO es la capacidad que tiene el ser humano de alquimizar, de dar la vuelta, de transformar su sufrimiento en amor y creatividad hacia los demás.

Podemos caer en la posición de víctima, amargura, resignación y, lo que es más en la perpetuación del mal. «como yo he sido dañado, lo voy a hacer a los demás.» o podemos darle la vuelta y transformar el sufrimiento en una fuerza creativa, en evitar que lo que hemos vivido llegue a los demás, en dar la vuelta desde la reflexión profunda de cuáles son los mecanismos que podemos poner en marcha individual y colectivamente para romper la cadena de dolor y mejorar continuamente hacia una excelencia individual y colectiva.

El sentido, no sólo nos ayuda a sortear la existencia, sino que nos ayuda a impulsarla a sembrarla de alegría, muchas veces nos perdemos las pequeñas alegrías buscando la gran felicidad , probablemente el secreto combinándolo todo sería no buscar esa gran felicidad, sino contribuir a la creación de sentido, no solamente en nuestra propia vida, también en la de los demás, sembrando continuamente pequeñas semillas de ALEGRÍA, en esa siembra donde el sembrador es feliz y donde los que la reciben también lo son. Ahí hay un sentido que nos une y que nos trasciende.

Creo que nuestro rol como profesionales, como ciudadanos, como personas, tenemos que sembrar eso, y esas semillas son semillas de actitud positiva, de conocimiento útil, de habilidades prácticas, de compromiso que nos unan y que nos eleven, y que al final nos permitan tener un sentido, un para qué vivir y compartir.

Por: Lucy Angélica García Chica
Lucy-Angelica-Garcia-Chica

Escritora y Poeta