El verdadero origen de la moda de los pantalones caídos

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La hipótesis equivocada es que los pantalones caídos eran una manera que tenían los reclusos homosexuales en las cárceles de EEUU de “anunciar” su disponibilidad. Según esta teoría, la franja expuesta de la ropa interior por el interno sería indicativa de hasta dónde estaría dispuesto a llegar.

El verdadero por el que los reclusos de las cárceles de EEUU empezaron a llevar los pantalones caídos fue por la prohibición de utilizar cinturones, un arma potencial contra otros reclusos o para autolesionarse.

Los afroamericanos –vale la pena recordar que 1 de cada 11 varones negros está entre rejas o en libertad condicional- hicieron virtud de esta incómoda circunstancia y empezaron a llevar también los pantalones a medio culo cuando salían de la penitenciaría, una manera de reafirmar su condición de tipos duros (“I’ve been inside, nigger”).

De este modo, lo que debía ser un estigma –haber pasado por la trena- se convirtió en una seña de identidad y los chavales que querían emular a los gangstas, empezaron a llevar también el pantalón a media asta, pertenecieran o no al hampa.

En aquella década la cultura del hip-hop surgida en los suburbios negros se extendió por todo el país y llegó a los chavales blancos, que automáticamente adoptaron la indumentaria arquetípica de cualquier rapero que se precie -pantalón caído, ropa ancha, camiseta de basket, sudadera con capucha, gorra ladeada y demás parafernalia- y a hablar, rimar y moverse como los negros, los parias del país pero la minoría más influyente en la cultura popular.

Y de ahí, al resto del mundo: el adolescente indonesio que cabalga su skate camino abajo, exhibiendo sus Calvin Klein, probablemente ignore que sus pintas actuales nacieron de la prohibición de usar el cinturón en las cárceles estadounidenses.


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