Caminamos silenciosos por diversos senderos, bajo cielos ajenos que no nos pertenecen, que nos cubre con estrellas dormidas, con una luna y un sol perdidos en ese abrazo invisible de amor eterno; aquel que nuestra alma ha anhelado en su soledad, en la densa niebla del destino sin final, en esas primaveras matizadas de ternura, perdida en ilusiones o amores, que solo fueron aprendizajes en las aulas de nuestra existencia, donde hemos visto el corazón salir del pecho sin perder la ruta de regreso ,partido o deshecho, bloqueado, intermitente ,pero con la seguridad de que en cada grieta hay una semilla esperando germinar, rodeada de verdes pinos, y pájaros en silencio, bajo un cielo azul con puentes infinitos.

Cada día es una revelación transparente de quiénes somos, en qué creemos y cuál es nuestro anhelo, hemos aprendido, que toda causa tiene su efecto, que cada acto que realizamos, está impulsado por la fuerza del pensamiento, que el amor se construye con cada acto cotidiano desde la conciencia, aquella que vamos elevando a través de cada vivencia, aquellos eventos que nos invitan a la introspección, y que de alguna forma nos convoca a mirar de frente el mundo, la vida y sus destellos, al hombre y mujer con sus virtudes y defectos, aciertos y desaciertos, y vestida de traje , también la muerte y su misterio.

En esta parte del camino debemos detenernos; todos sabemos que la muerte ya no es un lejano fantasma, hace cuánto tiempo no la sentíamos tan cerca como ahora, y no hablo solamente de esa muerte del cuerpo, hablo de aquella muerte que tiene imagen de poder, del rico sobre el pobre, de los que se creen con derecho a subsistir sobre la necesidad del otro, de aquellos que estrangulan la esperanza, abusando de la fragilidad de aquellos, que por sobrevivencia deben soportar la ignominia, se han fragmentado los valores del hombre, en esta crisis que afronta la humanidad, se ha corrido el velo de muchos rostros, de muchas injusticias escondidas en las mentes y corazones, y el llamado para muchos a la reflexión, es un grito ahogado en la indiferencia.

Rememoro otro tiempo para inyectarle vida a la esperanza, aquel de pantaloncillos cortos y guirnaldas en mi pelo, de risas inocentes, de abrazos filiales, de cuadernos coloridos, en ese infantil universo, cuando miraba sin miedo la obscura noche, y alguna estrella fugaz surcando el firmamento. Cómo a cambiado ese tiempo, hoy tiene la melena larga, y me mira de reojo, mostrándome un espejo, y me miro, ahí estoy yo, con mi pálida piel a esta hora de la mañana, como una flor después de la lluvia, en espera del astro sol, como si fuera un antídoto para equilibrar el alma.

Me he robado paisajes para habitar en calma, un río, el prado y la floresta, los laureles y sus pájaros, el silencio y su plegaria, el viento que juega con mi pelo y el aire azul en la distancia. Todo es infinito, absoluto, maravillosamente creado, es tiempo aún para que el corazón salga de su cautiverio, es tiempo aún para sentir la unción del Eterno, para poner en la voz una nota de alegría y entonar una nueva melodía, aún es tiempo de recordar que la dualidad del ser y todo lo creado, es una lógica necesaria para escribir una nueva historia en el gran libro del destino.

Por: Lucy Angélica García