En mi casa no suelo poner las noticias, las odio, la mayoría de las veces me entero de las cosas porque lo veo por casualidad en las redes sociales o porque me las cuentan. Sí, ya sé que muchos pensarán, ¡pero como puede esta mujer aislarse del mundo! Pues por desgracia no me aíslo, ojalá me aislase, pero las mismas noticias suenan una y otra vez por todos lados.

Hay noticias más alarmantes, otras más pasables, pero cuando realmente me preocupo es cuando solo se escucha en todos lados y en cualquier conversación, la misma noticia.

Estos días no he dejado de escuchar y ver por todos lados la guerra entre Rusia y Ucrania, y lo único que he pensado es “espero que la OTAN no se meta”, es egoísta por mi parte pensar de esa forma, lo sé, pero creo que los que somos conscientes de lo que pasa en las guerras, nos volvemos egoístas.

Cuando se ven los bombardeos por televisión, la gente corriendo hacia los refugios, y se puede observar el miedo y las lágrimas derramadas por los ciudadanos, entonces recuerdas las historias que tus familiares te han contado de la guerra civil que vivió España, y, sinceramente, me aterraría que mis hijos pasaran por aquello.

Nuestra España es una España aún herida por una dictadura que duró cuarenta años, nuestra España es una España confundida, una España que quedó dividida para siempre y que aún no comprende que cuando un ciudadano ama su país, y respeta y admira a su ejército, no es porque sea facha, como se les llamaba a los que estaban en el bando del dictador, es simplemente porque se siente español o española a pesar de ser feminista, pues una cosa no elimina a la otra. Porque no se es más español por ir a los toros, cazar y llevar la bandera de España en la ropa. Yo soy muchas cosas, y entre ellas; una ciudadana orgullosa de ser española, una mujer que ve actualmente la política como una pelea de gallos legalizada que lucha por el poder. Pero bueno, también hay que reconocer que de todos los dardos que lanzan a ciegas, alguno da en la diana.

Esta España aún se resiente, no está curada, y es normal, las personas que vivieron aquella época aún siguen vivas. Yo he escuchado historias de familiares que vivieron aquello desde distintos bandos, y a ambos los entiendo. He escuchado las penurias de la posguerra, he escuchado historias terribles que serán olvidadas cuando mueran. Hubo gente que sobrevivió a la guerra, a la posguerra, a la dictadura, y que un maldito virus se los llevó, esas personas son libros de historia que no deberíamos desechar como si no valiesen nada, porque son el recuerdo de lo escalofriantes que pueden ser las guerras.

Así que, perdonadme por ser egoísta y no desear que la OTAN entre en esa guerra, porque entiendo lo que supone una guerra, pero no una guerra de papel, sino una guerra de a pie. Quien firma detrás de un escritorio no está disparando, quién se posiciona a favor de la guerra, no huye a un refugio asustado, porque es muy fácil opinar desde lejos.

No veáis películas sobre guerras, pues parecen de ficción, no leáis libros sobre guerras, porque ahí solo aparecen datos sin nombre, preguntad a vuestros abuelos, al anciano que se sienta en ese banco del parque por el que pasas acelerado todos los días, preguntad como vivieron ellos la guerra, pedidles que os cuenten su punto de vista, pero eso sí, respetando siempre sus posturas, aunque no estéis de acuerdo, pues las guerras son así, una lucha por la supervivencia, porque solo sobrevive el más fuerte, los que tenían la oportunidad de salvar a sus familias, lo hicieron, pensaran de una u otra forma.

Muchas lágrimas han sido derramadas en las guerras, muchas historias calladas que jamás se contarán, muchas miradas perdidas que no desean volver a recordar, conocimientos que no se trasmitirán y experiencias que los que ahora tenemos todo, nunca entenderemos.

No a la guerra, sí a la vida, al respeto y al diálogo.

Por María Beatriz Muñoz Ruiz