Últimamente está de moda hablar del lenguaje inclusivo, lo que no entiendo es que se le de tal patada al diccionario de la lengua española.

Si se levantase Cervantes de su tumba, nos colgaría de un molino a todos por decir estupideces. Vale, es cierto que Cervantes no tendría en este tema mucho que opinar porque pertenece a una época claramente patriarcal y retrograda, pero digo yo, ¿En qué va a ayudar a la sociedad que un niño cada vez que escriba una redacción tenga que decir todos, todas todes?

Imaginaos que le mandan a vuestro hijo una redacción sobre sus vacaciones de verano, comenzaría así: “Todos, todas, todes, nos fuimos a la playa muy contentos, contentas contentes. Mis primos, primas, primes, se llevaron a sus mascotas, mascotes, mascotos, porque no querían dejarlas, dejarles, dejarlos, solos, solas, soles…” ¿Os imagináis? Para cuando hayan terminado la redacción le tienen que dar al chiquillo una hora para tomarse una tila y relajarse. ¿De verdad creéis que eso va a contribuir a la igualdad?

Es como si de repente yo digo que las pipas no pueden venderse con cáscara porque es discriminatorio para los bebés que no pueden quitarles la cáscara. Suena absurdo, ¿no? Pues suena tan absurdo como todes.

Soy feminista, es más, creo que todo el mundo que crea en la igualdad es feminista, porque feminismo es sinónimo de igualdad entre hombres y mujeres, no es sinónimo de superioridad de mujeres sobre hombres o viceversa, pero pienso que, para incluir a la gente en esta sociedad, hace falta menos retrógrado, más educación inclusiva en los colegios empezando por los libros de texto y menos tonterías.

Aún no he visto en los libros de texto de mis hijos a Clara Campoamor, Mary Wollstonecraf, Virginia Woolf, Frida Kahlo, Rosa Parks, Rosalind Franklin, Mary Shelley, Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, María Lejárraga, María Moliner, María Zambrano, las hermanas Bronte… y así podría seguir hasta rellenar varios libros. ¿Eso no os preocupa? Ah, no, que eso es cultura, y, por lo tanto, es peligroso poner en manos del pueblo esa valiosa información. A cambio, me encuentro hablando en este artículo sobre la estupidez de si debemos decir todes o no.

Lo primero que debemos hacer es cambiar la mentalidad de la gente desde la cultura, y sobre todo desde la infancia, debemos enseñar a nuestros hijos que todos somos iguales, y digo todos porque si digo todes o todas, es como si separase más a una sociedad que parece hallarse enfrentada. Bueno, en realidad, más bien está siendo controlada por los que desean verla enfrentada, que son todos en general. Lo malo es que lo están consiguiendo, nos están etiquetando de tal forma que más que contribuir a la igualdad y a que se normalice cualquier situación, están contribuyendo a separarnos y dividirnos en grupos para ser mejor y más fácilmente controlables.

Todo esto es tan sencillo como que cada cual viva su vida como desee vivirla, no os etiquetéis vosotros mismo, es como si yo llevo un cartel diciendo que me gusta la cerveza, sería absurdo, ¿verdad? Pues tan absurdo como llevar un cartel en el que diga si soy hetero, homosexual o bisexual. Cuando esa información no sea relevante, entonces habremos avanzado hacia un mundo más igual, mientras tanto, seguid tropezando dentro de esa cortina de humo en la que creéis que hay luz y lo único que existe son hilos que os controlan como si fuerais marionetas. Seguid pensando que estáis haciendo algo útil enseñando a vuestros hijos a decir todes en vez de enseñarles a respetar a todo el mundo, pero claro, así nos va, estamos creando una sociedad en la que a vista de los demás somos activistas porque está de moda, pero en la intimidad somos racistas, xenófobos, machistas y sobre todo hipócritas.

Por: María Beatriz Muñoz Ruiz