Es preciso hacer un enfoque desde una posición más profunda a la situación de crisis económica que estamos viviendo globalmente, y que, de hecho, es una crisis institucional, ética y moral.

La crisis desde la etimología, nos habla de una crisálida, de un crisol, de una crítica, de un criterio, de una conciencia crítica, de tal forma que también lo entendemos como un proceso de mutación, de transformación, de inflexión inesperada, porque es la manera que tiene el orden, el sentido común, los principios naturales de regular los sistemas.

En los últimos tiempos y por los eventos políticos que estamos viviendo, creo que se están despertando muchas conciencias, creo que hay muchas iniciativas, que indican que cada vez hay una masa crítica mayor, que está pidiendo simplemente transparencia, porque la justicia queda en manos de lo humano, y muchas veces la legalidad es profundamente inmoral. El futuro tendrá que ser necesariamente más transparente y más democrático.

No será sostenible la corrupción rampante y las élites extractoras, que en el fondo son oligarquías que se autoprotegen y que se enquistan en un gobierno financiero y político y que se perpetúan, no será sostenible la contaminación del planeta, no será sostenible aquello, que no respire transparencia y justicia social, porque lo que no se sostiene tiene que caer, para que nazca una nueva vía. El Comunismo fracasó, porque hubo una oligarquía que lo corrompió. El Neoliberalismo es pernicioso porque hay unas oligarquías que lo corrompen. La social democracia tiene que también hacer un ejercicio de autogestión y de autocrítica, y en ese futuro de transparencia y de democracia, en ese cambio social los que son la voz del cambio, son los jóvenes, ellos son los que van a romper los viejos paradigmas y propiciar y crear un cambio muy significativo. En este futuro emergerá una verdadera conciencia democrática, en la que, en el fondo, el antídoto ante cualquier crisis o injuria se llama CULTURA, y la cultura pasa por la palabra, por el vínculo, por la lectura, por la comunicación, por el diálogo, por el fomento de la curiosidad.

Cada día están despertando conciencias, no ya de sostenibilidad, sino humanas, porque se han pervertido tantas cosas, emergen nuevas formas de denuncias, nuevas iniciativas populares, que pueden acabar convirtiéndose en leyes, que los propios partidos políticos contrarias a ellas, se verán obligados a someterse a la democracia del pueblo.
GANDI, hace muchos años dijo una palabra extraordinaria que decía lo siguiente:

  • Las cosas que nos destruirán son.
  • La política sin principios.
  • El placer sin conciencia.
  • La riqueza sin trabajo.
  • El conocimiento sin carácter.
  • El negocio sin ética.
  • Y la adoración sin sacrificio, o la entrega sin compromiso.

Por lo tanto, en el futuro la cultura, de que cada cual haga, que su vida sea una oración, será lo que puede cambiar el mundo. La palabra es el arma más poderosa, y sin duda es la que nos permite lidiar con la realidad, conceptualizarla, gestionarla, pero, lo más poderoso es el amor, entendido como la voluntad de cuidar, es decir, la compasión, la empatía, la resonancia emocional.

Antoine de Saint Exupéry decía. «Si queremos un mundo de Paz y de justicia, pongamos nuestra inteligencia al servicio del amor» y San Agustín decía: «Ama y has lo que quieras». Si queremos crear un futuro distinto, debemos poner énfasis al inicio y al final del camino, en el respeto a la dignidad y a toda forma de vida y que sea éste el espíritu que deberíamos transmitir a nuestros hijos, y hacer del amor el eje que vertebre el vínculo social. Toda pedagogía debería ir orientada ya no al humanismo, sino a lo humano, que es lo que hemos perdido, el reto es humanizar a la humanidad.

Por: Lucy Angélica García Chica
Lucy-Angelica-Garcia-Chica

Escritora y Poeta