Y ahora, cuando tengo conciencia de todas las causas de las cosas, cuando me he elevado por encima de las trivialidades de este mundo, te encuentro de frente, me miras ya sin sorprenderte, y yo, ya no bajo la mirada en busca de razones para detenerte. Siento que al entrar aquí, al vestíbulo de mi existencia, te encontraría, con serenidad, con templanza, sin caricias en mis dedos, sin besos en mi boca, sin  la dulzura que requiere cada encuentro.

Hemos tenido tanto tiempo  en esta subliminal relación, te he dado todo, me lo has dado todo, y aprendí a conjugar con dulzura cada uno de tus verbos. Cada noche mientras dormía, experimenté sin darme cuenta, (el dulce viaje al más allá) y cuando abría mis ojos, nunca sabía a ciencia cierta si eran horas o minutos en que venías muerte a poseerme.

El  sueño es un más allá cada noche, y regreso a sentirte aquí Vida, en la forma como tú deseas. Has estado aquí cada segundo, en los que si hubieras querido pudiste haberme hecho desaparecer, y yo no lo hubiera sentido, mi alma salía a recargarse de esa energía tan necesaria para vivirte.

Entonces me pregunto: ¿por qué despertar una y mil veces, que puede importar si ya no vienes?

Siento y he sentido a Dios, porque él está siempre presente, en mis días y mis noches, en el amanecer de mi existencia, enseñándome a conjugar la vida como un regalo maravilloso, dándome con placer la actual existencia, enseñándome a construir jardines en el espíritu, renaciendo cada día en los balcones de mi alma con alegría, entregada a lo que parece una locura, compartir la dulzura de vivir soñando.

La muerte camina en paralelo con la vida. Cada día que pasa nos acercamos a ese momento en que cambiaremos de forma, porque eso es morir, cambiar a una forma más pura y sutil, para retornar a casa, a la fuente de la luz, con todo lo que hemos aprendido, todo lo vivido, lo sentido en nuestra evolución como Ser y como alma, y volveremos a una nueva etapa de vida, a la vida como Alma.

En este segundo, ya puedo entonces mirarte, tus manos tibias se prolongan en las mías, es una tenue manera de decirme que te marchas, dejándome desnuda de incógnitas y  arrogancias, de todo aquello que distorsione mis formas, la silueta perfecta de mi alma, para poder vestir mi traje de luz y liberarme, para expandir mis alas y terminar esta travesía, y saber que no es el final de todo esta vida que se extingue, que comenzaré otra vida, como Alma.

Por: Lucy Angélica García Chica
Escritora, poeta, maestra y columnista internacional ecuatoriana