Se conjugaba una inmensa nube oscura por los cuatros puntos cardinales de la Patria, aquellos años, el cielo gris, los colores de la bandera manchados, se mancillaba una guerra entre hermanos que derramaba la sangre por los poros de la tierra de lagos y volcanes. El país fragmentado en la constelación del odio, el irrespeto y la división política. La esperanza se disipaba en la mirada de los rostros de la multitud. No se vislumbraba una salida, el abismo de la desesperación se ahondaba aún más, una pequeña luz al final del túnel parecía apagarse.

El dominio dictatorial de esos años era una sombra que empañaba el futuro de un pueblo en busca de libertad. Cegó las aspiraciones y sueños sometiendo al dolor a los jóvenes con deseos de una República para todos, de un mañana promisorio, voces que expresaban sus más recónditos anhelos, ansiosos de cambios importantes en todos los ámbitos. El umbral de este pasaje de la historia patria ha sido el más detonante y negro de atravesar y el cantar de un nuevo himno de posibilidades era negado.

De las orillas del lago de Nicaragua, de ese verdor de los árboles en constante movimiento por el viento, del aroma de la brisa de la mañana, de esa vida apacible del campo, del frescor del jardín de las flores, del sonido fugaz de la lluvia, de esos amaneceres bañados por el encanto de la aurora, de los crepusculares atardeceres de encendidos oro, del canto de los pajarillos a toda hora, del vuelo aras del agua de las garzas blancas y morenas, resplandece el brillo de una estrella y le empieza a dar luz a la noche azul y las sonrisas lentamente se dibujan en los rostros.

Ella, una mujer sencilla, inteligente, de singular belleza, madre, ama de casa, una ciudadana como todos, deja escuchar la voz de esperanza al pueblo, de alivio, de alegría, algo grande a lo colectivo. Con su vestimenta blanca recorrió los caminos de la Patria, la convirtió en un símbolo de la paz, se abrió camino con un mensaje para que todos la entendieran. Y se fueron sumando levantando la bandera bicolor, se sumaron la mayoría al rescate de los sueños estancados y por un futuro en igualdad.

Su lucha, llevarle a su pueblo la libertad, la que concibió como la posibilidad que tenemos todos sin distingo alguno de decidir por nosotros mismos y cómo actuar en las diferentes situaciones que se presentan en la vida. Ella quería que el pueblo tuviera esa herramienta como principio indispensable para hacer del país una República democrática, para vivir en armonía, en paz y pudiéramos ser reconciliados entre nosotros mismos. Luchó para que ya no hubiera obstáculo para la libertad. Convocó a todo un pueblo que parecía más bien estar en silencio a que decidiera su destino a través del voto.

Era la primera vez en la historia que el pueblo eligió a una mujer para que gobernara por seis años Nicaragua, se ganó ese título meritorio. La Patria en un escombro de imposibilidad, ella estuvo dispuesta con alma, corazón, amor materno y colocó los cimientos del mandato que le dio el pueblo. Tomó como estandarte de su responsabilidad la tolerancia, la viva expresión más clara de respeto por el pueblo, no dio cabida en su corazón a la venganza ni a la revancha política. Ante los ruidos de miedo, ignorancia y el conformismo siempre se forzó con personalidad propia pregonando el cultivo de la honradez, la sinceridad, la reflexión y la independencia de criterios.

Violeta Barrios de Chamorro, la Dama de blanco, la Presidenta de la Paz, la mujer que abrió con valentía y vigor las compuertas de la libertad, la paz y la democracia a un pueblo marginado por una feroz dictadura. Sin ser política el pueblo la convirtió en Presidenta. Le devolvió la esperanza a un país dominado por las fuerzas malignas de la ambición de poder y la avaricia del dinero. Son 31 años de aquel 25 de febrero de 1990, tu legado perdura y perdurará de generación en generación, hemos fallado, pero, me enorgullece decir en aquel poema de mi primera juventud que escribí y que no has leído: la paz es color Violeta. Celebro mi gratitud hacia ella. Nos dio tanto y la historia la ubica en un lugar en el cimero privilegio de la Patria.

Por: Fabio Mendoza Obando
Poeta y escritor nicaragüense