Anoche estaba leyendo a Percy Shelley y hubo uno de los versos que me hizo meditar y admirar cuanto se podía decir con tan pocas palabras, por eso yo jamás me sentiré digna de llamarme poetisa, porque siempre me comparo con esos grandes autores del romanticismo inglés y los veo demasiado inalcanzables.

Percy decía:
“¿Olvidar lo muerto, lo pasado? ¡Oh!,
aún hay espectros que por ello vengarse pueden;
recuerdos que hacen del corazón una tumba,”

Y ahí me detuve, no seguí leyendo el poema, ese verso me impactó, se puede decir que tiene muchas interpretaciones, y el poeta podría haber escrito el poema movido por una situación que seguramente nada tiene que ver con la interpretación que vino a mi mente, pero esa es la magia de la poesía; que a cada lector le aporte algo, aunque interprete de diferente forma lo escrito por el autor.

Nuestros corazones, aunque sigan latiendo, la vida o la actitud de la persona hace que muera. Mucha gente posee recuerdos del pasado que siguen doliendo tanto como lo hicieron en su tiempo, pueden ser recuerdos de ira, amor, pérdida, tristeza, añoranza o melancolía. Da igual a lo que nos quedemos anclados, el resultado es el mismo, entonces nuestro corazón se convierte en una tumba, un lugar que visitas para recordar que ya ha muerto, un lugar donde lloras y pones flores y donde no existe la esperanza de volver a revivirlo.

No me digáis que ninguno de vosotros a matado a su corazón en algún momento, porque no me lo creo.

Yo he muerto muchas veces y he llevado flores a la tumba de mi alma dolorida, un alma que ha llorado refugiada en un pasado que no se puede cambiar, en ese instante, el tiempo se detiene mientras arrodillada frente a la tumba de tu corazón, recuerdas una y otra vez lo que te hace tanto daño.

Es muy fácil dar consejos, pero solo nosotros podemos dejar libre nuestros recuerdos, solo nosotros podemos levantarnos de esa tumba, abrirla y seguir adelante.

Pero es complicado, nuestra mente se refugia en esos recuerdos y se autoconvence de que el mundo es demasiado gris para vivir en él, a veces deseamos castigarnos a nosotros mismos y seguir llorando.

Si estáis esperando que os aconseje sobre la solución, lo siento, no la tengo, yo sigo llorando, en ocasiones, sobre la tumba de mis recuerdos, sigo pensando que el mundo es demasiado gris y la gente demasiado fea para habitar la Tierra, sigo pensando que somos demasiado egoístas para merecer amor, porque incluso el amor es egoísta y posesivo, temerosos de perder la única razón de nuestro existir, nos aferramos a esas personas que nos sacan una sonrisa, pero el problema llega cuando esas personas se van o deben seguir su camino lejos del tuyo, entonces vuelves a abrazar la tumba de tu corazón y a considerarlo muerto y enterrado.

No puedo daros un consejo, pero sí que os puedo decir que cuando salgo a ese mundo sombrío lleno de ego y falsedad, pienso que, si puedo poner una sonrisa en el rostro de alguien, habré alejado, quizás, a esa persona de la tumba de su corazón. Pienso que el mundo no merece mi sonrisa, pero hay personas que se encuentran atrapadas en ese limbo de recuerdos y necesitan ser rescatadas, necesitan simplemente hablar con alguien, aunque sea alguien extraño, aunque solo sean unos minutos, porque todos merecemos alejarnos del dolor y sentir que andamos por un páramo en el que respiremos sin ahogarnos, sin que nos duela el pecho y sintamos a cada paso que muere nuestra alma.

Por María Beatriz Muñoz Ruiz