Aún recuerdo la primera vez que les expliqué a mis hijos en qué consistía el nacimiento de un bebé. No, no imaginéis que ellos me preguntaron que de donde vienen los bebés, tan solo tenían cuatro añitos, y no, ese día no tenía previsto en mi agenda darles una lección de naturales ni mostrarles lo increíble que era el cuerpo humano.

Era una tarde de invierno y yo recuerdo estar en el sofá con mi abuela viendo una de las series que le gustaban a ella. Yo no prestaba demasiada atención, así que lo mismo estaba con el móvil o con un libro leyendo, mis mellizos andaban por la casa dando guerra, pero sin molestar, iban y venían de un sitio a otro.

De pronto, en una de las escenas de la serie, la protagonista, que estaba embarazada, comenzó a ponerse de parto en medio del bosque y empezó a parir. Mi Guille que es muy observador, al escuchar los gritos de la mujer, se detuvo en seco y sin pestañear, pregunto “¿Qué le pasa a la mujer?”, yo iba a contestarle, pero mi abuela se me adelantó y le dijo al pobre niño que a la mujer le estaban cortando una pierna, ¿os imagináis la expresión de horror de mi hijo? Pues fue equivalente a la expresión de asombro de mi rostro.

–¿Cómo le dices eso al chiquillo? – le dije a mi abuela aún sin poder creérmelo.

Llamé a mi Paula, ya que no me gusta explicar lo mismo dos veces, y una vez que los dos estaban allí, les expliqué de la forma más natural posible que a la mujer no le estaban cortando una pierna, que lo que sucedía era que estaba teniendo un bebé.

A partir de ahí, la escandalizada fue mi abuela, pero yo seguí explicándoles el proceso tan hermoso que era traer una vida a este mundo, y…no, no me quedé ahí, les puse un video de un parto por YouTube. No sé si mis hijos necesitaban tan explícita información, porque lo que yo veía hermoso, a ellos les pareció asqueroso, pero los hice ver cada segundo de ese video para que no vivieran engañados como las antiguas generaciones en las que cualquier tema relacionado con la sexualidad o cosas tan simples como el parto o la regla, fueran un tema tabú. Claro que… también tuve que asumir el vergonzoso instante en el que la seño de mis hijos les anunció que iba a tener un bebé, y mi hijo con toda la naturalidad del mundo le preguntó si le iba a salir por el “chichi”.

Con esta historia totalmente real, me gustaría hacerles comprender a los padres, que, si sus hijos no encuentran respuestas en ellos, las van a buscar en el exterior, y lo mismo las respuestas son distorsionadas e incorrectas, lo mismo el ver la sexualidad como algo prohibido los incita a esa rebeldía que tanto se da a ciertas edades.

Nadie es perfecto, y yo mucho menos, nadie sabe el futuro de sus hijos ni si lo está haciendo bien o mal, pero existen normas básicas para criar al hombre o mujer del futuro, y la norma principal es no criarlos en el pasado, no criarlos en desigualdad porque sean niño o niña, no ocultarles algo tan simple como el acto sexual, porque lo que van a ver en videos o televisión, lo van a ver contigo o sin ti, la ventaja es, que si lo ven contigo o hablas con ellos de forma natural, todas sus dudas te van a ser expuestas, tú vas a ser la fuente de información, y no os preocupéis por no estar a la altura, os puedo asegurar que la mayoría de las teorías que los niños se plantean son tan absurdas que os será fácil explicarles las dudas que tengan.

Y por favor, no les ocultéis que sus padres mantienen relaciones como el resto de los mortales, estáis casados… o no, pero si sois sus padres es porque habéis mantenido relaciones y seguís manteniéndolas meramente por placer, no hay más, no sois santos, sois accesibles a vuestros hijos, y si tienen un problema estaréis ahí para entenderlos sin juzgarlos.

Pero como he dicho antes, esto no es un método infalible para obtener la confianza de vuestros hijos, ellos cambian, y vosotros también, aunque no os percatéis, pero, aunque no sea perfecta, sí que sé que no debéis educar a vuestros hijos en el pasado. No digo que fuera fácil explicarles el tema de las relaciones sexuales, pero nada es fácil con un hijo, simplemente se hace.

Por María Beatriz Muñoz Ruiz