El más reciente episodio con visos de censura a la “Libertad de prensa”, protagonizados por los directivos de “Semana” y su columnista estrella, Daniel Coronell, que aunque tuvo un aparente “final feliz”, deja un sabor amargo sobre la nitidez, transparencia y pulcritud con que debe informarse; sobre todo, si el incidente ocurrido, el de ocultar información sobre los “Nuevos Falsos Positivos”, deja al descubierto cómo ciertos medios cercenan o privan a los ciudadanos del conocimiento verdadero y oportuno de determinadas noticias.
Pero, ¿por qué ocurre esta mutilación de noticias? Es una pregunta que puede tener respuesta en los compromisos, compadrazgos o intereses que amarran al medio de comunicación que procede de esta forma, al que le queda “cuellón” dar a conocer información que puede afectar con quien se encuentra ligado. Es una de las tantas formas de amputar la información y afectar la libertad de prensa.

A través de la historia, la reciente, y la menos reciente, se han dado diversas formas de pretender callar la independencia y el libre ejercicio de la información. Ataques terroristas, asesinatos, amenazas, asfixia económica, entre tantas, son las caras con las que se ha querido coartar la libre información.

Antonio Nariño, cuando apenas frisaba sus veintiocho años de edad, fue condenado a treinta años de prisión por el régimen español por atreverse a publicar la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”.

El 8 de julio de 1887, con sólo tres meses de fundado, el periódico “El Espectador”, el de los Cano, fue clausurado por el presidente Rafael Núñez hasta enero de 1888 por considerarlo subversivo.

En 1948, el 9 de abril, y con un mes de fundado, el director del periódico “El Universal”, Domingo López Escauriaza, se opuso a su clausura por parte de las Fuerzas Militares ante los hechos de violencia que ocurrían por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán.

El 3 de agosto de 1955, el entonces presidente militar de Colombia, Gustavo Rojas Pinilla, ordenó el cierre del Periódico “El Tiempo”, el de los Santos, si el periódico no rectificaba y pedía disculpas por haber publicado la verdadera información sobre asesinato del periodista Emilio Correa Uribe, causada por los “Paras” de la época; y por el contrario, publicara la que el Mandatario quería, la que dijera que tal muerte había sido producto de una riña en medio de un accidente de tránsito.

En junio de 2010, el periodista Juan Gossaín sutilmente fue conminado a renunciar a la dirección del Noticiero RCN-radio por atreverse a pedir la renuncia del presidente Alvaro Uribe ante los hechos que involucraban a los hijos, suegro y cuñado de Uribe en la compra, en la sabana de Bogotá, y a muy bajos precios, de unos terrenos que posteriormente, y a corto tiempo, se valorizaron desmedidamente por decisiones gubernamentales de las alcaldías de Bogotá y Mosquera.

En febrero de 2016, la víctima fue la periodista Vicky Dávila. Las denuncias a través del Noticiero de la FM, que dirigía, y perteneciente de la misma organización radial RCN, terminó por relevarla de su cargo por las denuncias contra altos jerarcas de la Policía Nacional dentro del caso bautizado como “La comunidad del anillo”.

El libre ejercicio de la información debe mirarse en los periodistas del Washington Post, los que por las denuncias dentro del escándalo de “Watergate” provocaron en 1974 la renuncia del presidente de Estados Unidos, Richard Nixon.

Localmente, aunque no son pocos los periodistas amenazados por denunciar hechos de corrupción; también hay que decir que muchos son amenazados de no seguir recibiendo las dádivas del gobierno, disfrazadas de pautas, si se atrevieren a divulgar hechos de corrupción, o si se abstienen de taparla; o por el contrario, de proclamar elogios y aplausos a favor del funcionario que paga. Esto también es bozal para la libertad de prensa.

Por: Álvaro Morales
alvaro morales 2018