La mayoría no creemos hasta que sentimos miedo o queremos pedir algo que nadie puede solucionar porque es cuestión del azar o el destino.

Yo siempre he dicho que debemos creer en algo, en lo que crea cada cual es su problema, pues soy de la opinión de que no existe una religión verdadera, a pesar de que todos piensen que la suya es la única que tiene derecho a existir y los demás estamos equivocados.

Si cogemos cualquier religión al azar y comenzamos a realizar preguntas que no tienen explicación, la persona se incomoda y al final siempre obtenemos una respuesta “Esa es la fe, creer en algo que no se ve o no se puede demostrar”.

Vale, y ahora pregunto yo; si no se puede demostrar, ¿Cómo sabes que es la verdadera? ¿cómo sabes que a lo que estás rezando existe? ¿cómo sabes que lo que le has pedido se ha cumplido por tus rezos y no porque simplemente debía ocurrir?, muy fácil; si se cumple lo que hemos pedido, pensamos que es gracias a nuestros rezos y nuestra fe, si no se cumple, es porque no merecíamos que se cumpliera o porque el Dios que sea nos tiene guardado algo mejor, o tal vez sea una prueba de nuestra fe.

Aún recuerdo cuando tuve que explicarles a mis hijos para un examen, lo que significaba tener fe, bueno, partiendo de la base de que a mí no me gusta explicar religión ni temas en los que pueda inclinarlos hacia lo que pienso… mi explicación se les quedó bastante bien.

Suspiré y comencé la explicación: Veréis, la fe es como si yo te digo que he visto un cerdo volando. Entonces, mi hija, que por aquel entonces tendría cinco o seis años, me dijo –pero mamá, los cerdos no vuelan–.

Yo sonreí – Eso es la fe, creer en lo que yo te digo sin haberlo visto, porque si lo vieras ya no sería fe, sería algo demostrable y científico.

Pero mi hija no se quedó muy convencida, y preguntó–¿las hadas existen?

Mi hijo, instintivamente saltó–las hadas no existen.

Entonces le pregunté –¿Cómo sabes que las hadas no existen?

–Porque son cuentos, yo nunca he visto un hada. –contestó mi niño.

–Tampoco has visto a Dios y crees en él, ¿no? –contesté yo, dejándolos descolocados y comprendiendo lo que significa tener fe.

Una vez terminada la explicación de la fe; lo que deberíamos hacer todos es respetar las creencias de los demás, pues cada uno puede tener fe en lo que le de la real gana. No se puede demostrar la existencia de ningún Dios o Diosa, no se puede demostrar que exista el infierno ni la que se dice que fue la primera mujer, Lilith, tampoco se puede demostrar que existan las hadas, ni la magia, lo único que a día de hoy he podido demostrar es que existen los gilipollas y los hijos de… bueno, que solo lo que vemos es demostrable, pero eso no quiere decir que no se crea en nada. Prefiero sentir la seguridad de que en este gran mundo no me encuentro desamparada, y que cuando todo esté en contra voy a poder refugiarme en la creencia de que existe algo más que puede ayudarme, da igual que se llame Hekate, Lucifer o Dios, mientras no se haga mal a nadie, qué más da en lo que se crea. Así que, por favor, no miréis a los demás como si estuvieran locos por el simple hecho de no creer en lo que todo el mundo cree.

¿Tú crees?

Por María Beatriz Muñoz Ruiz