Estamos en el mes que se celebre el día del libro y  quienes somos adictos a la lectura, pues, comprendemos que esta fecha es importante y también consideramos que todos los días son día del libro no solo el 23 de abril, porque siempre estamos buceando entre mares de ellos en las librerías, comprando más de uno para  agrandar aún más la biblioteca que tenemos en casa. Las librerías son el aliciente idóneo  para escritores y poetas y todo aquel que encuentra en su contenido la oportunidad de  ampliar los horizontes del conocimiento.

Hablar de libros para los que nos gusta la lectura es magnífico, podemos decir que es una de las conversaciones que más se disfruta, es cuando es más notable el paso del tiempo sin que nadie se dé cuenta. Los libros son mundos desconocidos que incitan ser descubiertos hasta sumergirnos en las profundidades de su contenido, y que nos provoca negarnos a salir otra vez a la superficie. En algunas ocasiones compartiendo con amigos que aman los libros, llegamos a la conclusión de que es difícil vivir sin ellos.

Caminando por  las calles de  San José  me encontré con  Libro Azul, una tienda de libros de segunda mano  que se ha dado a la tarea por  treinta años de mantener vivo y divulgando el formato impreso de  libros de todo tipo. Su propietario es Mariano Víquez Sánchez, un hombre que realmente le dedica tiempo a los libros y quiere que prevalezcan intactos con el pasar del tiempo aunque las amenazas de desaparición sean constante.

Con respecto a la amenaza de la desaparición del libro impreso, Mariano dice: Hace aproximadamente 20 años escuché con cierta preocupación  que los libros desaparecerían debido a las nuevas tecnologías, y aquí siguen. El libro es un instrumento tan original y  poderoso que difícilmente puede ser sustituido, yo diría que estarán con nosotros por mucho tiempo más, por muchas razones, y ya nos hemos acostumbrado a él. El libro tiene el candor  que no poseen  los nuevos y fríos instrumentos  tecnológicos.

Con el auge que tiene los libros de segunda manos en este tiempo, él asegura: Desde que empecé  a trabajar con libros de segunda mano tenía bien claro que no  sería un negocio  brillante,  si me ha servido para vivir dignamente, hoy creo firmemente que es la mejor opción  para que los libros  tenga una segunda oportunidad y lleguen a manos de personas que los van a cuidar.  Los libreros de segunda mano somos un eslabón  más en la cadena  de conocimiento  que transmite un libro, por lo tanto también somos promotores de cultura.  

Mariano dice con respecto al significado de los libros: Después de tantos años de estar viviendo entre libros, por placer, por necesidad o por circunstancias de la vida, se ha convertido en un estilo de vida. Los libros me han dado a parte de conocimientos, estabilidad emocional y económica. Ellos después de mi familia han significado la oportunidad que me ha dado la vida de aportar algo positivo a la sociedad y de experimentar la sensación de compartir un objetivo, que puede cambiar vidas y transformar sociedades, eso le da sentido a la vida y queda un buen sabor de que ha valido  cualquier esfuerzo.

Desde que conocí a Mariano hemos construido una excelente amistad, además de ser parte de que hoy cuente con una biblioteca de variedad de libros y haya encontrado todos los clásicos de la literatura universal en su tienda. Para este amigo incondicional de los libros, no se trata de haber emprendido un negocio, comprar y vender libros, el compromiso que tiene es que los libros tienen que sobre vivir ante la amenaza de la tecnología que ataca reiteradamente  en que lo digital termine con la era de los libros impresos.

Otro punto importante es que los libros ya por leídos no deben de ir al cesto de la basura, conservarlos para que otro individuo le encuentre otro buen uso como lo hizo el primero, ha sido una de las tareas  de Mariano. En una sociedad que se está dejando llevar por el dominio de las redes sociales, es frecuente encontrarse cantidades de libros rumbo al desecho, para alguien que ama los libros esto es una tortura interna dolorosa y lo más triste es que estando en buen estado, sus dueños se deshacen de ellos como tratándose de una objeto sin valor.

Por: Fabio Mendoza Obando
Escritor y poeta nicaragüense