Hay días que despiertas con una sonrisa y el nublado la enmudece, y hay otros días que simplemente despiertas y de repente deja de llover, sale el sol, has quedado con tu amiga para unas cervecitas y aparece un arcoíris en el cielo para demostrar que la Navidad tiene una cosa buena; la excusa de poder marcarte una fiesta cada dos días.

Sí, los que me conocéis sabéis que odio la Navidad, pero también sabéis que donde haya una cervecita con una buena amiga, una conversación interesante y un tik tok de por medio, ahí estoy yo, dándolo todo para despedir el 2022 como si no hubiera un mañana.

Dicen que soy una mala influencia, pero cuando lo dicen siempre lo dicen riendo, así que me lo tomaré como algo bueno y positivo que no pienso cambiar.

Pero lo mejor de todo es que, empiezas con una cerveza exprés con tu amiga y terminas comprando en el súper de al lado carne picada y haciendo nuevos amigos.

Bueno, lo explico: mi amiga tenía que poner a sus hijos la excusa, no muy creíble, por cierto, de que iba a comprar carne picada para unas albóndigas, y digo no muy creíble porque vive al lado del súper y hemos estado una hora en el bar. Nos íbamos ya, cuando ella se ha acordado de la carne picada, así que hemos ido a Mi Alcampo, un súper pequeñito que hay al lado de la pizzería donde siempre vamos, aquí en Loma Linda. Una cosa ha llevado a otra, y al final, he terminado con un Pascuelo pequeñito que me han regalado Vero e Imanol y brindando con ellos con un chupito de anís en medio de la carnicería.

Me encanta el anonimato de la ciudad, las luces, la gente que no te mira a los ojos, el caminar por las calles de Granada y no preocuparte de dar los buenos días o buenas tardes; porque no conoces a nadie, me encanta ir con los auriculares y poner música a la vida sin tener que escuchar a nadie. Pero también adoro el encanto de los pequeños pueblecitos en los que no necesitas coche para ir a ningún sitio, conocer a todo el mundo y tardar media hora en llegar a casa porque te has encontrado con algún vecino, me encanta ir al supermercado y tener la posibilidad de hablar con gente estupenda que, a pesar de trabajar un domingo, tienen una sonrisa en el rostro y te alegran el día con su buen humor.

Si me ponen a escoger entre vivir en un pueblo o en la ciudad, no sabría que elegir, pero elija lo que elija, me quedo con la buena gente, estén donde estén. Así que al 2023 le pido que solo me rodee de gente estupenda y se lleve a esos que te ensombrecen los días.

Por María Beatriz Muñoz Ruiz