Mi madre, mi héroe

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Mi Madre es Yolanda Obando, (n 1950). Siempre digo que es una flor en un derroche constante de aroma, lo que traduzco en amor. Es ella la mujer que por nueve meses me albergó tiernamente en las entrañas de su vientre hasta sentirme crecer y al final hacerme ver la luz del mundo. Su sonrisa un manantial de ilusiones, su mirada un remanso de esperanza denotaba mientras llegaba, según se describía en el embarazo. Fui el primer hijo varón, las palpitaciones de su corazón era un cortejo de música alegre por ver mi llegada, me cuenta. La dimensión del significado de mi madre es una pincelada de la belleza de Dios en la tierra, así lo siente mi corazón.

Para hablar de mi madre, es preciso escribir libros tras libros, no hay resumen ni argumento corto para poder contar las hazañas inventadas y desarrolladas en este camino delegado. Lo primero que recuerdo de ella fue haciéndome reír tocándome con el dedo índice las mejillas de la cara, yo correspondía sonriendo a esa expresión de amor puro genuino tan evocador que se convierte en un pergamino muy bien guardado a través del tiempo.

Cuantos hechos hemos pasado juntos, cuantos episodios sin revelar van quedando guardados para la posteridad. Cuando una madre se coloca al frente de cualquier circunstancia, las más adversas de la vida o por defender a su familia, el dominio de un hombre ensombrece a tal medida que pierde fuerza.

En los momentos álgidos de la guerra de los años ochenta en mi patria Nicaragua, hizo todo lo que estaba a su alcance y lo imposible para que yo siendo un menor de edad, no fuera exigido a prestar el servicio militar. Ella se puso al frente como una pantera de ojos embravecidos y dirigió todo el proceso de mi escondite hasta que por fin llegó la libertad en 1990. Muchas veces me dijo: “tendrán que pasar los reclutadores sobre mi cadáver para que te puedan llevar, y no vas a ir a morir al frente de guerra, porque no van los jóvenes a defender la Patria, sino a los fulanos para que permanezcan en el poder”.

No la vi llorar, no la vi triste, tampoco decaída y desanimada. Pero si vi a una mujer vigilante y tenaz, con un instinto agudo para detectar al peligro y al enemigo. No se andaba por las ramas, se iba directo al grano cuando el peligro se imponía. Por defenderme de los militares, la vi correr en medio de lluvias de balas y asesinos morteros.

Mi Madre, es una mujer valiente, supo en varias ocasiones hasta tomarles el fusil a los militares para que dejaran de disparar. Otra vez me dijo: “hijo si pudiera esconderte en el vientre otra vez, lo haría mil veces para que no estuvieras en peligro”. Negó en todo momento que su hijo mayor no estaba con la familia, que me encontraba fuera del país. Eso no lo creyó el jefe de reclutamiento, pero ella se encargó de repetirlo que en ciertas ocasiones terminaron creyéndole, tarea imposible de hacer, manteniendo vigilancia constante en la casa.

Inventaba lo más inverosímil para evadir la amenaza de los militares. Las tácticas planificadas le dieron resultados significativos. De noche, de día, no había hora que la detuviera, ella estaba en pie, cuando los militares hacían acto de presencia en su afán por reclutar jóvenes, mi Madre, ya los había detectado, la señal de alerta era de ineludible cumplimiento, había que salir de la casa y esconderse, donde más oculto estuviera era mejor.

En este escrito he dado a conocer algunas de las cosas que he pasado con mi Madre, hay cientos de anécdotas más. Como la sorpresa que se llevó cuando casi a mis treinta, publicaron unos poemas de mi autoría, acompañado de algunas fotografías, ella se sorprendió tanto al verme en el suplemento cultural de unos de los principales periódicos del país que me dijo: “hijo yo no sabía que había traído al mundo a un poeta”. Ese día me aplaudió y me felicitó. Su abrazo fue un poema de amor escrito en mi corazón.

A nuestras madres se les celebra todos los días, no debemos dejar pasar ningún momento para decirles que tan agradecidos estamos como hijos de que sean nuestras madres y de cuantos las amamos. Este 30 de mayo se les dedica por completo un día a las madres Nicaragüenses. Felicidades a todas las madres del mundo, a las madres solteras, a las madres inmigrantes y a todas las madres nicaragüenses que están en Costa Rica. Madre eres como un jardín que siempre está florecido y que la sombra de los pétalos de sus rosas me hace sombra todos los días para seguir.

Por: Fabio Mendoza Obando
Poeta y escritor Nicaragüense