Dicen que la arruga es bella, bueno, eso dicen las que no las tienen o las que quieren aparentar que no les importa cumplir años.

Pues yo pienso que la única arruga bella es la de las sábanas después de una noche de pasión desenfrenada, las demás arrugas para las que las quieran.

Dentro de poco cumplo los cuarenta y cuatro, la gente no suele decir su edad, yo en cambio no suelo decir lo que peso, los años, lo cierto es que no los llevo del todo mal y me suelen echar menos, pero el problema es que yo sé los que tengo, y cada año pesan.

Intento aligerar la mochila, soy de esas personas que no sienten vergüenza de hacer el tonto, y eso me hace comportarme como si tuviera menos años, algunos me llamarán ridícula, otros dirán que estoy loca y algunos que no asumo la edad que tengo, en cambio, yo pienso que no debemos comportarnos según nuestra edad, sino según nos sintamos. La mayoría de las veces somos nosotros los que nos ponemos muros, los que pensamos que no tenemos edad ya para ciertas cosas, que debemos madurar, pero el error está en el concepto de madurar.

¿Qué es para vosotros madurar? ¿Ser serios? ¿Comportaros siempre correctamente? ¿No decir ni hacer nada que hagan las demás personas de vuestra edad? Pero… ¿no os habéis dado cuenta de que si os comportáis así es por lo que piense la gente? Bueno, ahí no entran los que siempre han sido así incluso de pequeños, que los hay, y que no los juzgo, cada persona debe ser como quiere ser y como es, no tienen que hacer el tonto porque los demás lo hagan ni tienen que bailar si no les apetece.

Mi dilema está en que, al no ponerme etiquetas, tengo miles de ellas y con cada una soy una persona distinta.

Cada año hago recuento de todo lo que ha sucedido, de donde me encuentro en este momento y de los planes que tengo por hacer, entonces llega mi pensamiento nefasto de que cada año acumulo planes, acumulo sueños, deseos y kilos de más. Sí, ahora mismo soy gorda para las flacas y flaca para las gordas, según mi marido eso quiere decir que estoy perfecta, pero para mí quiere decir que, o bien engordo más para no arrugarme o adelgazo más para no deprimirme.

Cada vez que soplo las velas y cuento un año más, me digo a mí misma “este va a ser mi año”, pero nunca lo es, y lo cierto, es que ya estoy cansada de acumular sueños, por eso este año voy a quemarlos todos con mis velas de cumpleaños, me voy a quedar solo con los papelitos de: salud para mí y los míos, dinero y amor, sí, lo sé, eso es hacer trampa, puesto que esos tres deseos engloban todo, pero si supierais el montón de papeles que tengo que quemar…

Pero no me importa, este año necesito que otros pidan los deseos por mí, necesito que otros me digan lo hermoso que es el mundo cuando yo lo vea gris, y necesito que sean otros los que con sus palabras me animen a seguir cuando no desee levantarme del suelo.

Este año la gente que me quiere va a escribir en un papelito una frase de ánimo, una palabra amable, o un simple te quiero, y van a echarla en un frasquito de cristal para que, en mis malos momentos, ese pequeño frasco actúe de salvavidas.

A veces, cuando nos ahogamos no gritamos ni pataleamos para salvarnos, simplemente lloramos y dejamos que el agua siga ahogándonos, no nos sentimos demasiado valiosos para ser salvados, y no pedimos ayuda.

Todos seguimos avanzando y no te percatas del tropezón del otro, pero quizás el otro está herido y no habla. Yo quiero tener mi frasco para esos momentos “mi frasco de la esperanza” un frasco al que me agarraré cuando el agua me llegue al cuello y no pueda respirar, un frasco para las emergencias, esas hermosas palabras que tanto necesitamos en momentos difíciles.

¿Queréis participar en mi frasco de la esperanza? Dejad un comentario y hacedme llegar vuestra frase, si esa hermosa palabra de ánimo llega hasta mí, sabré que el destino ha querido que mi tarro esté lleno de hermosas personas con corazones enormes.

Por María Beatriz Muñoz Ruiz