Cuando somos pequeños, tenemos monstruos bajo nuestra cama o dentro de nuestro armario, sin embargo, cuando crecemos, dejamos de creer en esos monstruos que nos aterraban y causaban insomnio.

Pero ahora también tengo noches de insomnio, ya no miro bajo la cama ni en el armario, miro al mundo real y, a veces, corro a esconderme.

Cuando somos pequeños, nunca nos enfrentamos a nuestros monstruos, simplemente nos tapamos la cabeza con la sábana y esperamos a que se vayan sin capturarnos.

Y en este mundo, queridos míos, muchos lo seguimos haciendo, preferimos no enfrentarlos, hacer como que no existen o simplemente escondernos de ellos.

Pienso que el error de los adultos es el de querer enfrentar todos nuestros miedos de una vez e inmediatamente, entonces nos colapsamos y es cuando nos escondemos, y rezamos para que todo desaparezca solo. Lo malo es que los problemas no desaparecen solos, somos nosotros los que debemos hacerlos desaparecer, bien enfrentándolos o quitándoles la etiqueta de problemas.

Imaginaos que de repente entra en nuestro dormitorio una niña y llena de etiquetas de monstruos todo. Miramos a cualquier sitio y vemos un monstruo, nuestro corazón se acelera, nos falta el aire, no vemos la puerta de salida porque la niña la ha cubierto de monstruosas figuras, todo nos da vueltas, el pecho nos duele por la falta de aire y nuestro cuerpo se desploma. Sí, os he descrito de forma básica una crisis de ansiedad, nos quedamos paralizados y nos escondemos en nuestro interior a esperar que llegue de nuevo la niña y se lleve sus monstruos, pero la niña jamás volverá, y esas etiquetas son muy difíciles de despegar, ¿Qué creéis que deberíais hacer? Pues es sencillo, debéis mirar esas etiquetas como un simple adorno de la pared, no digo que os gusten, no digo que debáis mantenerlas pegadas, debéis intentar quitarlas poco a poco, pero si no veis esas etiquetas como una amenaza, podréis llegar a la puerta de salida y abrirla.

Algunos monstruos seguirán dando miedo, así que podéis taparlos con un cuadro y otros desaparecerán con el tiempo.

Bueno, con tanto monstruo no sé si habéis entendido el mensaje; cuando creemos estar rodeados de problemas, nuestro sistema colapsa, es imposible solucionarlos todos a la vez, muchas veces es mejor solucionarlos de uno en uno o buscar alguna salida alternativa. No es de cobardes ignorar los problemas, simplemente, no debemos verlos como problemas, sino como etapas de transición que son un preludio de algo bueno.

Cuando termino una etapa de mi vida, lloro por ella como si estuviese de duelo, pero una vez termino de llorar, la entierro y pienso que comenzará una nueva etapa aún mejor. Bueno, ya sabéis por otros artículos míos que cuando comienzo algo nuevo, siempre me corto el pelo, para mi es una forma de abrir la puerta y dejar a mis monstruos dentro de la habitación, quemarlos y enterrarlos, para dar paso a algo mejor.

Venga, mirad a vuestro alrededor, seguro que podéis hacerlo, miradlos bien, ¿De verdad podrían considerarse monstruos? Tal vez no sean monstruos, salid de la habitación sin llevarlos con vosotros, respirad profundamente y comenzad esa etapa nueva que os está esperando .

Por María Beatriz Muñoz Ruiz