Ocho historias reales de gente que “resucitó” en su funeral

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En una ceremonia donde reina el luto y el desconsuelo por la pérdida de un ser querido, de repente el difunto se levanta de su ataúd o aparece por la puerta. Parece la trama de una ficción, lo que no sabemos es si se trataría de una comedia o de una película de terror.

Aunque parezcan narraciones imposibles, lo cierto es que existen casos documentados sobre muertos que estaban en realidad muy vivos. Todos los que exponemos a continuación están certificados como verídicos.

1. El hombre que no estuvo allí

El primer ejemplo es el de Gilberto Araujo, natural de Brasil, cuyo deceso fue declarado en 2012. Tras la identificación del cadáver por parte de su hermano, mientras su familia permanecía al lado del féretro, Araujo se presentó de repente en su propio funeral para sorpresa de todos los asistentes.

Araujo lavaba coches en Alagoinhas, localidad donde se produjo el asesinato. El homicida acabó con la vida de otro trabajador que se parecía mucho al brasileño, de ahí el sorprendente error cometido por su familiar.

2. El ciudadano que preparó su propio funeral

El chino Zan Deyang tenía 66 años cuando decidió organizar su propia ceremonia de despedida. Deyang no había contraído matrimonio y no tenía hijos; ello le llevó a querer satisfacer su curiosidad acerca de cuántas personas acudirían a darle el último adiós.

La preocupación de Deyang tenía un motivo: en la cultura china se cree que los muertos tienen unas necesidades que sus allegados deben satisfacer. Por ello, los familiares deben visitar las tumbas y reparar las carencias que padecerá la persona que ha abandonado este mundo.

Cuarenta invitados acudieron a su funeral, además de otros cien extraños curiosos ante el evento. Con todo, Deyang no acabó muy satisfecho con el experimento pues veinte familiares y amigos convidados al entierro decidieron no hacer acto de presencia.

3. La muerte anunciada que no fue tal

Hace dos años, Noela Rukundo, residente en Australia, pero natural de Burundi, regresaba a su país natal para acudir al funeral de su madrastra. Lo que ella no sabía es que su marido había contratado a un grupo de sicarios para acabar con su vida.

A pesar de ser raptada, sus captores tenían sentimientos y se negaron a perpetrar el crimen tras saber que la orden provenía del cónyuge. Los supuestos asesinos llegaron a contar incluso a Rukundo qué hubieran hecho con su cadáver de haber completado el plan.

Tras volver a su casa en Australia, se presentó en el funeral que su marido ya estaba organizando. Declara la mujer: “Cuando salí del coche, me miró directamente a la cara. Puso sus manos sobre su rostro y profirió ‘¿son mis ojos?, ¿es un fantasma?”. El hombre fue condenado a nueve años de prisión.

4. El reposo del obispo

Nicephorus Glycas era un obispo de la isla griega de Lesbos. El 3 de marzo de 1896 fue declarado su deceso. Acorde con la tradición, el cuerpo fue expuesto en la iglesia de Mehymi para recibir el último adiós de los fieles.

Para estupor de los congregados, la segunda noche en la capilla ardiente, Glycas se incorporó, se sentó sobre el ataúd y comenzó a pedir explicaciones acerca del tumulto que había formado a su alrededor. Resultó, simplemente, que el purpurado se había echado una siesta muy larga.

5. El muerto con alguna copa de más

Cuando el ecuatoriano Edison Vicuña desapareció durante tres días, su familia y amigos comenzaron a temerse lo peor. Todo pareció confirmarse cuando el cuerpo de un hombre desfigurado se halló cerca de la residencia de Vicuña, víctima de un accidente de tráfico.

El cadáver fue identificado como el del desaparecido, pero el día del funeral el ecuatoriano se presentó, para sorpresa de todos, borracho en su propio velatorio, causando el pavor de los concurrentes. Como dice la canción de Peret: “No estaba muerto, que estaba de parranda”. Mientras todos lloraban su pérdida, Vicuña se había pasado una larga juerga de varios días. Como no podía ser de otra manera, la ceremonia se detuvo y el cuerpo fue devuelto a la morgue.

6. El velatorio que acabó en fiesta

El joven de 28 años Hamdi Hafez al-Nubi trabajaba como camarero en un hotel de Luxor. En el año 2012, mientras llevaba su bandeja por la sala sufrió un ataque al corazón por el que todo el mundo le dio por muerto. Su familia trasladó el cuerpo a casa para velarlo, lo lavó y lo preparó siguiendo la tradición musulmana, además de publicar el entierro en los diarios locales.

Sin embargo, el médico que tenía que expedir el certificado de fallecimiento se dio cuenta de que el supuesto cadáver todavía estaba caliente y de que al-Nubi aún respiraba. El médico alertó rápidamente al tío del camarero y lo que en principio iba a ser una triste ceremonia acabó en una celebración por todo lo alto.

7. La mujer que resucitó para volver a morir

La rusa Fagilyu Mukhametzyanov cayó fulminada de un ataque al corazón en el año 2011. A pesar de ser llevada con la máxima celeridad al hospital, los médicos solo pudieron certificar su fallecimiento.

Con todo, el diagnóstico resultó equivocado. Unos días más tarde, durante su funeral, Mukhametzyanov se levantó de repente de su féretro chillando, llorando y suplicando una explicación a lo qué estaba ocurriendo.

Inmediatamente fue trasladada al hospital más cercano, pero el ‘shock’ que le debió haber causado la experiencia le tuvo que resultar insoportable. Mukhametzyanov resucitó durante 12 minutos, para volver al mundo de los muertos otra vez más. Un nuevo ataque al corazón fue, de nuevo, la causa certificada de esta segunda defunción.

8. El despertar que es una festividad local

Los habitantes de la villa de Braughing en Gran Bretaña celebran el 2 de octubre de cada año una curiosa fiesta inspirada en una resurrección. La historia se remonta a 1571. Durante el traslado del ataud del granjero Matthew Hall sus porteadores se tropezaron e hicieron caer el cuerpo a tierra.

El accidente se convirtió, sin embargo, en un hecho afortunado. De repente Matthew se incorporó como Lázaro para vivir otras dos décadas más, hasta 1595. Su vuelta al “más acá” es una causa más que justificada para celebrar la vida en el pueblo inglés.


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