Colombia es el país de las maravillas. El utópico paraíso macondiano que Gabo quiso retratar en sus novelas. El país de ensueño, donde lo imposible sucede, donde el bufón es premiado por el sistema judicial con penas en lujosas mansiones compradas con la misma plata robada por lo que les inculpan. Esta vez Colombia deslumbró, en publico quedó expuesta las mañosas estrategias elusivas de la ley, que «los ciudadanos de bien» como se autodenominan, aplican para «hacerse los locos para pasar la fiesta encuero» como dice el popular refrán.

La pasada semana, Enrique Vives aparecía en todas las pantallas postrado en una cama de hospital, el señalado atropelló 7 niños que murieron en el acto y pretendía hacerse pasar como si estuviese en critico estado de salud para pasarse por el fajo su responsabilidad.

Estas mañas se han replicado a lo largo de la historia y esta vez, en un corto espacio de tiempo, se vio cómo descaradamente Emilio Tapia, inculpado primeramente por el Carrusel de contratación en Bogotá y que mágicamente licitó y apareció vinculado en el siniestro caso MINTIC, en el que se desaparecieron 70 mil millones de pesos de recursos públicos, destinados a la conexión de centros poblados por medio de centros digitales, que fueron a parar en cuentas en el estado de Delaware, considerado paraíso fiscal en Estados Unidos.

Tapia se alojó en un hospital, el «pobrecito» se encontraba en «pésimo estado», pretendía eludir la condena del magno robo que le hizo al Estado y sus pobladores. Por fortuna, que aún no se puede declarar victoria porque los amigos no es que sean tan eficientes en su labor, el CTI de la fiscalía acarreó el hospital e hizo efectiva la captura del inculpado.