Seguramente, hoy en día, cualquier persona conoce lo que significa la palabra poliamor, yo la descubrí hace un par de años cuando mi amiga Carolina que había estado varios años en Estados Unidos me la explicó, ya sabéis, esas conversaciones de piscina que derivan en temas intensos que comenzaron comentando alguna serie de televisión.

Para los que aún no sepan lo que significa, les diré que el poliamor es el amor entre varias personas del mismo o distinto sexo que comparten una relación consentida y forman en algunos casos una familia peculiar pero llena de amor.

Bueno, suena bien, pero yo me he preguntado en muchas ocasiones como lo hacen, porque si ya es complicado a veces compenetrarte con tu pareja y estar de acuerdo en ciertos aspectos de la vida, los niños, o la familia de uno u otro, no quiero ni imaginar lo que supondría una cena de Navidad con una familia de poliamor. ¿Os imagináis cómo sería? Vamos a poner que la familia la forme una mujer con dos hombres… Bueno, vosotros podéis imaginar lo que queráis, pero como es mi fantasía, yo digo que es una mujer con dos hombres. Pero ahora imaginad a dos suegras, dos suegros, varios cuñados o cuñadas, sobrinos pequeños, sí, esos pequeños demonios que aún no tienen filtro preguntando que porqué su primito tiene dos papás y ellos solo uno. No quiero ni imaginar a mi madre o a mi abuela analizándolos a ambos y diciéndome cual les gusta más para que se quede conmigo cuando siente cabeza.

Pero eso no es todo, ¿os imagináis la indiscreción de la gente? Lo que a todo el mundo se le vendría a la cabeza sería lo bien que lo paso por las noches con dos hombres, pero no piensan en el hecho de que tendría que cocinar para uno más, planchar para uno más, y pelear por el mando con dos hombres.

Que estrés, yo creo que por mucho que se hable del poliamor, nadie ha llegado demasiado lejos, pero también existen ventajas, por supuesto, lo que le falta a uno lo tiene el otro y viceversa.

Todo esto puede parecer cómico y surrealista, pero es complicado para esta sociedad retrograda en la que todo lo que se sale de los estándares comunes es juzgado con crueldad. La pregunta a todo esto sería ¿Te puedes enamorar de dos personas a la vez? Ahora mismo seguro que muchas mujeres y muchos hombres están asintiendo, claro que es posible, y los que pasan por eso deben elegir y renunciar a una parte de su ser, un camino que jamás llegarán a recorrer y que jamás sabrán si habría funcionado.

Pero la sociedad aún no está preparada para asumir que se puede tener más de un amor a la vez, y tampoco podemos asumir el compartir a nuestra pareja.

La perspectiva cambia si eligiera a la otra persona en vez de a ti, entonces, podrías llegar a plantearte el compartirlo en vez de perderlo, pero la parte ganadora jamás lo consentirá.

La ley tampoco ayuda mucho a ese tipo de relaciones, los españoles nos consideramos muy progres por el hecho de tener la opción de registrarte como pareja de hecho, pero a nivel legal no sirve absolutamente para nada, y en muchas circunstancias la pareja se queda desamparada ante la ley, por lo que muchos que se niegan a casarse, al final terminan firmando el papelito para poder obtener derechos que de otra forma no disfrutarían. Pues imaginaros en el poliamor, aún sería más complicado, como mucho podría registrarse una pareja, y se quedaría una persona en el limbo de la ley.

Al final, el poliamor se queda en poliexperiencia de juventud, porque el mundo no está preparado legalmente para aceptar ciertas situaciones fuera de lo que ellos consideran dentro de la normalidad.

Qué triste esa palabra ¿verdad? Normalidad en muchos casos equivale a aburrimiento, a privarte de tu libre albedrío porque no es políticamente correcto. Normalidad equivale a seguir las normas de un mundo que no admite colores no programados, un mundo hipócrita que habla de libertad y tolerancia pero que no adapta sus leyes a esa tolerancia.

Lo siento, pero lo que ahora admite la sociedad son los cuernos consentidos, ya que el poliamor es inmoral y todo está permitido mientras no se diga abiertamente.

Por: María Beatriz Muñoz Ruiz