Depende de la edad, amas u odias el 14 de febrero. Cuando era pequeña me daba un poco igual, incluso me gustaba que mi padre le regalara a mi madre algo y a mí también me comprara alguna rosa.

Al pasar a la adolescencia todo cambia, si para el día de San Valentín no tienes novio, envidias a las que ese día ponen caras de tontas y pavonean de haber recibido flores, menos mal que en mi colegio solo éramos niñas, porque ahora con los colegios mixtos es peor; una semana antes de San Valentín, todos los niños y las niñas están buscando pareja, aunque nada más que sea para no estar marginada.

Ahora estaréis preguntándoos qué opino de esa fecha, pues bien, creo que es una fecha que inventaron para que la gente consumiese todo tipo de productos y servicios. Antes se regalaban flores, ahora se regalan viajes, circuitos de masajes, joyas… se sale a cenar, al cine o a cualquier sitio con el que destaques de entre el resto de novios.

Bueno, he de confesar que yo también me dejé llevar en su día por todo eso, mi novio, que ahora es mi marido, me regalaba rosas colombianas, ¡me encantaban esas rosas! Son muy caras, pero no llevan espinas, son enormes y de un rojo oscuro precioso.

Ahora me he vuelto más práctica, este año le he mandado el enlace a mi marido por error del vestido que quiero que me regale, y cuando me ha dicho que me lo pida me he dado cuenta de lo bien que me conoce “mira que saber exactamente el vestido que quería…” Si es que las flores me da mucha pena verlas morir, son como las personas pero a un ritmo más acelerado: estás toda feliz en el vientre de tu madre, luego te obligan a nacer y te lanzan al estúpido mundo en el que tenemos que mimetizarnos con su estupidez o seremos los raritos, entonces creces, te pones hermosa, te admiran, huelen tu aroma… bueno, cuando hago deporte mejor que no me huelan, pero en circunstancias normales me gusta oler a Carolina Herrera, en fin, que poco a poco van pasando los días comienzas a envejecer y ya no adornas como antes, quedas fea en el salón en el que antes todos te admiraban, te vas desojando hasta que mueres y te tiran a la basura.

Así que no, definitivamente no tengo ganas de ver como mis preciosas rosas mueren, prefiero mi bonito vestido de verano que me embellezca y me dure un poquito más que las rosas.

Ah, y bombones tampoco quiero, no es que no me gusten, me encantan, pero, el vestido me podría durar menos que las rosas, además, dentro de poco está aquí el calorcito y tengo que deshacerme del abrigo, no puedo permitirme engordar por haberme comido una caja entera de bombones. Y no, no la compartiría, es mi regalo y me la comería toda entera, así que mejor que no me regale bombones, tal vez un libro sería el mejor sustitutivo de los bombones, ya que, si la inteligencia engorda, no se nota, ya sabéis, las rubias somos tontas, menos mal que yo soy de bote, si supieran que no soy rubia natural estaría perdida, no podría hacerme la tonta y mimetizarme en este mundo de mierd… no, vine a este mundo un lunes 12 de septiembre, no un miércoles.

Para terminar, me gustaría que supierais que el 14 de febrero no solo es San Valentín, ese día también es el Día Mundial de los Sonidos Curativos, se dice que ese día, a las 12 del mediodía, tenemos que repetir el sonido de la vocal A, durante 5 minutos, que es el sonido que representa nuestro corazón; de esa forma, nos uniremos en la proyección de amor, paz, luz y armonía hacia el resto y hacia nuestro Planeta Tierra.

Se dice que se liberan toxinas y estrés, así que ese día, cuando veas a tu vecina salir con su mejor camisón, peinada de peluquería e imitando un casual look para sorprenderse con su enorme ramo de rosas, piénsalo, no te tomes ni esa copa de vino ni ese ansiolítico, haz el sonido de la A y relájate.

Bueno, si eso no funciona, te dejo que te tomes esa copa de vino. Feliz San Valentín.

Por María Beatriz Muñoz Ruiz