No sé si creéis en la reencarnación o en vidas pasadas, no sé si lo que experimenté fue real o producto de mi imaginación, siempre me quedará la duda, lo único que puedo decir es que lo que sentí fue extraño y nada propio de mí.

Los que hayan leído más artículos míos sabrán que soy de las mujeres que jamás serían segundo plato de nadie, entiendo que un momento tonto lo puede tener cualquiera, pero los demás momentos no son momentos tontos, la tonta eres tú.

¿Y sabéis cual es el problema de ser segundo plato? Que siempre esperas ser el primero. Os preguntaréis que tiene que ver esto con respecto a lo de las vidas pasadas, pues veréis, estaba viendo YouTube hace unos días, y sin saber cómo, me apareció un video que te guiaba si deseabas viajar a vidas pasadas. En ese momento no tenía nada más interesante que hacer, por lo que cerré los ojos, me relajé y seguí las instrucciones que iba indicándome la mujer del audio.

De repente, fue como si me introdujera en otra persona, no pude ver su rostro, la primera imagen que tuve fue de una mujer, yo, sentada en un columpio atado a un hermoso y gran árbol situado en una especie de colina. Mis pies estaban calzados con pequeños zapatos o bailarinas negras, mi vestido era humilde pero bonito, segundos después comprendí que era una criada de una impresionante mansión al estilo Windsor y que me había trasladado a la época victoriana.

La siguiente escena que vi en mi mente, fue la de un gran salón vacío y un atractivo hombre de ojos oscuros, piel clara y pelo ondulado y negro, tocando el piano. Pero cuando mi mente llegó a esa escena, ya estaba terminando de tocar la pieza, y yo, única espectadora, me senté en sus piernas tentada por sus brazos abiertos que esperaban el calor de mi cuerpo. Su mirada era hipnótica, sus labios ansiaban los míos, sabía que lo que estábamos haciendo no era correcto, pero lo amaba y él me amaba, en mi interior no tenía opción alguna, en mi mente no apareció ni la más mínima posibilidad de rechazarlo por estar casado, no me preguntéis como lo supe, pero mi yo atrapado en aquel cuerpo del pasado, sabía que aquel hombre que me amaba y al que yo amaba, estaba casado y tenía un hijo de unos cuatro años. Sus labios me sonrieron y se acercaron a los míos rozándolos sensualmente y mordiéndolos como si fuera la manzana prohibida. Su lengua se introdujo en mi boca y yo la acogí como quien da la bienvenida al amor de su vida sin preguntas ni reproches. Nuestros cuerpos ardían, mis dedos se introducían entre su oscuro cabello, sus brazos apretaban mi pequeña cintura hacia él y nuestras bocas parecían hambrientas.

La voz que me guiaba en mi audio hizo que saltara un poco más hacia delante en el tiempo y sintiera el dolor de una separación dolorosa que toda amante debe tener asumida.

Aquel final no lo entendí ni creo que lo haga nunca, no sé si era la criada de otra familia o él se separó de nosotros, lo que vi a continuación, fue a una familia adinerada a la que yo servía huir de algo y refugiarse en una especie de casa más pequeña o iglesia. Yo huía junto a ellos con la sensación de que jamás volvería a ver al amor de mi vida, no sé qué ocurrió con él, pero en mi interior sabía que había seguido otro camino junto a su mujer y a su hijo.

Aquella fue la última imagen que vi antes de volver al presente, no sé si mi vida terminó en ese instante, pero lo que sí sentía era el dolor de la pérdida, esa impotencia de saber que no puedes reclamar nada porque ese amor no existió para el mundo, solo para vosotros dos.

Se dice que es muy fácil juzgar desde fuera a los demás, y yo lo hacía, quizás porque en mi anterior vida viví el dolor de ser la otra.

Consejo de la Dama Consejera, como me llama mi amigo Carlos Jarquín: Culpable es quien engaña, tú estás libre, pero si decides ser segundo plato, no aspires a ser primero, disfruta del segundo y saborea otros primeros junto a esos postres deliciosos que endulzan la vida, no permitas que piensen que solo estás para ser su segundo plato. Disfruta, no sufras y busca mientras a tu primer plato.

Por María Beatriz Muñoz Ruiz