Soldado

1915

Con sangre en mis manos,
miré al enemigo,
Odio, ira, no me reconozco.
¿Quién soy?
¿en quién me he convertido?
Perdí mi humanidad
con el tercer herido,
cuando te hacen comprender
que debes matar,
que no son amigos.
Entonces…
nuestras miradas se cruzaron,
y supe que estaba perdido,
era mi amigo,
aquel hombre al que había herido,
era mi amigo,
estuvo estudiando conmigo,
él era mi amigo,
prometimos que nos visitaríamos,
pero por falta de tiempo,
nunca lo hicimos.
Olvidé al soldado,
olvidé que debía matar
al hombre que sangraba en aquel camino.
Olvidé mi bandera,
solo era un trozo de tela,
y aquello, una guerra sin sentido.
Me arrodillé junto él,
pedí perdón por seguir órdenes
de un desaprensivo,
de alguien que firma una guerra,
y se mancha las manos
con la sangre de nuestros vecinos.
Pedí perdón por ser sicario,
por cerrar los ojos,
por disparar sin pensar,
porque soy soldado,
y los soldados no preguntan,
solo ponen sus vidas en peligro
para salvar a su país
de cualquier amenaza,
defender la tierra
en la que han nacido.
Pero nosotros éramos los malos,
los que perturbábamos,
los que matábamos a inocentes,
los que sin pestañear disparábamos.
Su vida se fue entre mis brazos,
mis lágrimas borraron
al soldado.
Bajo la lluvia
tan solo quedaron
dos amigos abrazados,
destruidos por un sistema de odio
que ninguno de los dos
había buscado.

María Beatriz Muñoz Ruiz