En octubre del año 2017, en una subasta en Jerusalén un comprador anónimo adquirió por 1.56 millones de dólares una breve nota, escrita por Albert Einstein, record para la venta de un documento en Israel.

La historia detrás de esta nota respecto a la perspectiva de Einstein, sobre cómo lograr la felicidad es fascinante.

Era el año 1922, luego de que Einstein culminara su primer trabajo sobre la teoría de campo unificado y se acababa de enterar que había ganado el Premio Nobel de física de 1921. En vez de ir a Estocolmo para la acostumbrada ceremonia de entrega de premios, Einstein se sintió obligado a cumplir con la obligación que ya había asumido de dar charlas en Japón donde se albergó en el famoso Hotel Imperial de Tokio.

Durante su visita un emisario fue a su habitación a entregarle un paquete y Einstein sintiéndose avergonzado por no tener dinero japonés para darle una propina, decidió a cambio escribirle una nota en una hoja con el membrete del hotel. Einstein le pidió al hombre que lo aceptara en vez de dinero y le dijo: «Guárdelo, talvez algún día valga algo» Entonces agregó que eso debía servirle como un consejo por el resto de su vida.
Einstein escogió escribir una línea respecto al secreto de la felicidad. «Una vida calma y modesta trae más felicidad que la búsqueda del éxito que implica un permanente descontento.

Al parecer quien vendió la semana pasada la nota del HOTEL Imperial, es un nieto del hermano de aquel emisario que vive en Alemania.

Un portavoz de la casa de subastas, Meni Jadad, dijo al The New times, que habían pensado que la nota se vendería por una suma de 5000 o 8000 dólares. Cuando se anunció la venta la sala estalló en aplausos.

Por supuesto que el valor de la nota se debe a su singular autor. Pero seriamos culpables de caer en una grave falta de respeto hacia la mente de un gigante intelectual, si no otorgamos también un profundo valor al sentimiento, así como a la fuente de esta importantísima instrucción para la vida.

Todos conocemos demasiado bien el vicioso ciclo de vida, sobre todo queremos ser felices.
Nuestra cultura constantemente nos dice que la manera de llegar a ser felices es tener más dinero. Entonces podremos comprar más cosas, que nos darían más placer. Cuando no es así, nos dicen que en realidad necesitamos más dinero, y por eso tenemos que trabajar más, y tener más estrés, porque entonces realmente seremos felices. Y mientras vemos cada vez menos a nuestra familia y acumulamos más y más bienes y terminamos descubriendo que «El que multiplicare sus riquezas, multiplica sus lágrimas»

Talvez algunos hemos escuchado que en la vida tenemos tres grandes amigos que cuando fallecemos nos abandonan exactamente en el orden inverso que los tratamos.

Apenas nuestra alma deja el cuerpo, también toda nuestra riqueza desaparece.
Los parientes son un poco más leales, ellos nos acompañan al cementerio, nuestro lugar de descanso final, también ellos nos dejan para seguir adelante con sus vidas.

Solamente nuestros nombres, los buenos actos que hicimos para los demás y la influencia que pudimos haber tenido sobre ellos siguen latentes y nos ofrece una posición de inmortalidad.

Por lo tanto, es extraño que pasemos la mayor parte del tiempo preocupados por obtener cosas materiales, pasando menos tiempo con la familia y dedicando poco esfuerzo a lograr aquellas cosas por las cuales seamos recordados.

Hablando de forma relativa, el dinero y los bienes en verdad no son tan valiosos o tan importantes como: «Una vida calma y modesta» una vida no juzgada en función de las posesiones, si no por el respetable legado ganado.

Este entendimiento, esta capacidad de percibir la felicidad en una perspectiva adecuada, es una ilustración de una teoría de la relatividad compartida, tanto por las sagradas escrituras como por Albert Einstein, y vale mucho más que muchos millones de dólares.

Por: Lucy Angélica García Chica
Lucy-Angelica-Garcia-Chica

Escritora y Poeta