En las primeras publicaciones sobre este tema se hizo mención al MAP (Minor Attracted Person o Persona Atraída por Menores) el perverso movimiento que considera necesaria una disminución o la abolición de la edad de consentimiento sexual, pretendiendo que la pedofilia sea aceptada socialmente como orientación sexual, deje de ser considerada un trastorno mental tipo parafilia; ser incluidos en el Movimiento LGTBIQ+ y finalmente buscar la legalización de la posesión de pornografía infantil, de la cual se han incrementado significativamente las denuncias según cifras de entes oficiales. Asimismo, se citaron algunas características e indicadores comportamentales de quienes son responsables de estos reprochables actos, los pedófilos; y todo esto con la finalidad de alertar a padres, representantes, docentes, orientadores y todo aquel que haga vida con niños y adolescentes, buscando que esta población deje de ser presa fácil de quienes pretenden desvirtuar sus perversiones en nombre del amor.

Entonces, al tomar en cuenta que niños y adolescentes no han alcanzado la madurez física y emocional de los adultos, sería fácil comprender que estos tampoco han desarrollado aún una adecuada capacidad de discernimiento, juicio y raciocinio que les permita “decidir o acceder consensuadamente” a tener una relación afectivo-sexual con un adulto sin haber sido previamente seducidos y/o manipulados para tal fin. Y es precisamente esta inmadurez física y emocional la que lleva a niños y adolescentes a tomar decisiones inadecuadas que los coloca en una situación de alta vulnerabilidad, exponiéndolos como presa fácil de abusos sexuales los cuales pueden iniciar como conversaciones “inofensivas” presenciales o virtuales y terminan comprometiendo no solo su integridad física, sino su desarrollo y salud mental.

Como se ha expuesto en entregas previas, el término de abuso sexual no solo engloba accesos carnales, este también incluye situaciones como: exposición de niños y adolescentes a temas sexuales, contenido pornográfico, exhibicionismo, tocamientos y sexo oral; situaciones para las cuales aún no están preparados ni física ni emocionalmente y además de robarles su inocencia les podría generar consecuencias a largo plazo como: erotización sin control, promiscuidad, prostitución, provocación sexual agresiva, actividad sexual sin pudor ni reservas, disfunciones sexuales, dificultades para establecer relaciones de pareja estables y duraderas, trastornos afectivos, intentos suicidas, consumos de sustancias psicoactivas comportamientos delictivos, entre otros.

En ese orden de ideas, así como existen características e indicadores que permiten identificar a los posibles agresores sexuales, estos también se presentan en la población infantojuvenil alertando a la familia sobre posibles abusos de índole sexual y entre las cuales se pueden mencionar:

  1. Cambios bruscos en su comportamiento y estados de ánimo
  2. Actitud tímida, retraída, temerosa y regresiva.
  3. Mayor labilidad desde el punto de vista afectivo, con incrementos de los episodios de llanto, rebeldía, irritabilidad o agresividad.
  4. Temor o rechazo inexplicable hacia algún adulto.
  5. Alteraciones en sus patrones de sueño, pesadillas, miedo repentino a la oscuridad o a permanecer a solas en su habitación.
  6. Aislamiento familiar y social.
  7. Bajo rendimiento escolar.
  8. Apatía y pérdida del interés por actividades que previamente eran de su agrado.
  9. Cambios en temas de interés con manifestaciones, conductas o conocimientos sexuales, sofisticados o inusuales para su edad.
  10. Tendencia a usar dispositivos móviles (celulares, tabletas, ordenadores) de forma recelosa, aislada y oculta durante varios minutos u horas.

Por todo lo expresado anteriormente, resulta necesario recalcar la importancia de las medidas de cuidado y supervisión de niños y adolescentes quienes, según la Organización de Naciones Unidas, han estado más expuestos a violencia, venta, tráfico, abuso sexual y explotación durante el confinamiento por el COVID-19. Expertos en derechos humanos de esta misma organización han solicitado a los Estados el impulso de medidas de protección infantil que salvaguarde el bienestar de millones de niños a nivel mundial que se encuentran actualmente en riesgo. Pero como la protección y cuidado de niños y adolescentes no solo es responsabilidad de Estados y gobiernos, aquí algunas recomendaciones para poner en práctica en el hogar y comunidad:

En cuanto a ellos mismos:

  1. Enseñarles a reconocer con sus respectivos nombres cada parte de su cuerpo.
  2. Educarlos sobre el cuidado de su cuerpo, respetándolo y estableciendo límites para que otros lo respeten, recordándoles que nadie tiene derecho de tocar, manipular o disponer de ninguna parte de su cuerpo.
  3. Enseñarles a reconocer sus reacciones corporales ante situaciones de peligro.
  4. Conversar con ellos acerca de la sexualidad, permitiéndoles preguntar y expresar sin miedo sus inquietudes y temores; recordándoles que siempre pueden hablar sobre temas que les resulten incomodos o desagradables.
  5. He de recordarles que no se deben sentir comprometidos a acceder a manifestaciones de afecto, caricias, abrazos, saludos, preguntas o conversaciones que les resulten incómodas y en las cuales sientan invadida e irrespetada su privacidad.

En cuanto al uso de dispositivos móviles y redes sociales:

  1. Explicarles los riesgos a los cuales se pueden exponer en el internet, dejando clara la importancia de no conversar, revelar datos personales, enviar fotos ni vídeos personales a desconocidos.
  2. Al permitir que usen los dispositivos electrónicos, establecer que sea en lugares transitados y visibles, bajo supervisión por parte de adultos y evitando su uso a solas y a puerta cerrada.
  3. Establecer horarios, así como normas de uso de todos los dispositivos, evitando a toda costa su uso en horas de la noche.
  4. Tener contraseñas fuertes, las cuales deberían ser compartidas por padres o supervisores directos de los menores.

Para padres y responsables directos:

  1. Mantener un registro frecuente del historial de páginas que visitan, conversaciones entabladas, con quién y sobre qué temas (lo ideal sería que ellos mismos se lo contaran).
  2. Utilizar aplicaciones de control parental las cuales permiten conocer la ubicación de los móviles en tiempo real, así como acceder a la galería de imágenes, historial de llamadas y mensajes, e incluso verificar el uso de las redes sociales.
  3. Instalar antivirus y programas de navegación segura en los dispositivos electrónicos que usen los menores.
  4. Supervisar estrechamente el uso de redes sociales y de la cámara web del ordenador, celulares y tabletas; de ser necesario restringir su uso con claves de seguridad o tapa del visor.
  5. Y si existiera la sospecha que algún menor este siendo acosado, convérselo con primero con este y de ser necesario contacte entes policiales y organizaciones de protección de niños, niñas y adolescentes.

I Parte
II Parte
III Parte

Por: Katherine Duarte H.
Médico Psiquiatra
En redes @psiquiatrialdia